Archive for July, 2009
Karajan Forever
Siguiendo mis obsesiones, durante años he buscado las versiones “perfectas” de ciertos temas clásicos. Cuatro de estos son:
Vivaldi: Le Quattro Stagioni
Mozart: Eine Kleine Nachtmusik (Allegro)
Tchaikovski: “The Nutcracker”, Valse Des Fleurs
Bach: Brandenburg Concerto No. 3 in G major (1st movement)
Considerados por algunos “entendidos” como temas para las masas, “simplones”, de “fácil digestión”, etc. son sin embargo, joyas indiscutibles de la música universal. Por años busqué las versiones definitivas, las que me agitaran emociones (llanto/orgullo/sorpresa/pasmo) sin encontrarlas. Las estaciones de Vivaldi eran siempre demasiado dulces, demasiado floreadas y optimistas. El Brandenburg Concerto y la serenata nocturna siempre tenían problemas de velocidad: o eran rapidísimos, o lentos y pomposos. El vals de las flores era chato, tímido, sin esa cualidad de cuento de hadas que la partitura deja entrever.
Hasta que me encontré con Karajan, por supuesto.

Herbert von Karajan era un divo insufrible, egocéntrico y nazi. También era un amante de la tecnología y los nuevos medios que estuvo presente en la primera conferencia de prensa para presentar el Compact Disc (de hecho se dice que la duración propuesta por Philips/Sony para el nuevo formato era de 60 minutos, pero fue extendida a 74 por la insistencia de Karajan de que la novena sinfonía de Beethoven debía caber en un solo disco).
No quiero sonar como un purista bobo que jura que las obras que dirigió Karajan son las mejores versiones, pero hasta el día de hoy no he logrado encontrar ninguna otra grabación de las cuatro obras arriba mencionadas que me provoque de la misma forma (y eso que sigo buscando, siempre).
Los críticos de Karajan catalogan su sonido de “Big Band” y de no respetar la idea original de los autores. Los amantes de las versiones HIP (que son lo menos “hip” que hay; en este caso son “Historically Informed Performances”) alegan que sus versiones son “bellas pero predecibles”.
Pero la gente que me conoce sabe que mi historia musical es muy popera, y escuchando con un poco de atención pareciera que estas versiones fueran el Top 40 de lo que se escuchaba en 1700-1800. Karajan las hace sonar como éxitos de Billboard, jugando con el loud-quiet-loud (en el caso de Tchaikovski) como si fueran temas de Pixies o de Nirvana, o simulando estructuras de verse-chorus-bridge (Vivaldi).
Por esas sincronicidades de la vida, tuve la idea de escribir algo sobre Karajan el mismo día que se cumplían 20 años de su muerte (el pasado jueves 16) sin tener idea (lo juro). Habrá sido un mensaje del más allá?
Salud maestro, donde quiera que esté.
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Algunos highlights personales:
El Brandenburg Concerto de Karajan, además de tener un ritmo implacable, tiene
una “conversación” entre dos violines, en el minuto 0:56, que es magistral. Podemos imaginar algo como:
primer violín: hola como esta usted?
segundo violín: pero de lo mas bien! gracias por preguntar y usted?
Primer violín: de mil maravillas! le parece que nos abracemos y bailemos alrededor de esta fuente barroca?
segundo violín: pero como no!!
Se abrazan y bailan vertiginosamente hasta alcanzar el éxtasis. La fuente emana monedas de oro, toda la ciudad se saca la ropa y se produce una orgia monumental.
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Eine Kleine Nachtmusik es un highlight en su totalidad. Forma parte de nuestra psique desde siempre. Una pieza alegre, dulce y desafiante de principio a fin (VOLUMEN POR DIOS).
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En la grabacion de las estaciones de Vivaldi hay que destacar a la violinista Anne-Sophie Mutter (increíble). Mis momentos favoritos (escuchar a todo volumen, o no escuchar):
Summer: lll: L’orage (Presto): Una tormenta de verano, llena de presagios y furia, a toda velocidad. Especial atención al comienzo (no necesito decirlo), al crescendo en el minuto 0:38 y al giro dramático del minuto 1:06.
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Winter: l: Allegro non molto: Aca es mas evidente el verse-chorus-verse. El segundo “chorus” (minuto 2:57) arranca con un ataque violento y termina con un cierre dramático y sentimental. Heartbreaking.
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Y por último, el punto álgido del Vals de las Flores es el minuto 1:40. Aquí está el loud-quiet-loud, en donde uno recuerda que en otra vida estuvo en un ballroom de la era victoriana y baila con una bella damisela. Un extracto de felicidad pura destilado en unos cuantos acordes interpretados de forma impecable.
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El Rey del Mundo (2009)
Nadie supo exactamente como empezó todo, pero una soleada tarde de otoño el pito de Ben comenzó a crecer tan desmesuradamente que ya no cabía bien en sus pantalones.
De repente tenía muchos problemas para caminar y la gente lo miraba fijamente por la calle.
“¡Dios santo, que pitote!” exclamaban algunos (entre otras muchas floridas frases).
El trató de no hacerle mucho caso al asunto. Pero era inútil; se estaba convirtiendo en un fenómeno de circo y no había nada que pudiera evitarlo.
La cosa se puso más dura cuando su pito empezó a crecer tanto a lo ancho como a lo largo.
Así, finalmente un día ocurrió lo que todos temían. El pito de Ben reventó sus dockers y salió a conquistar el mundo.
“¡Seré el rey del mundo!” exclamó el pito (obviamente tratando de hacerse el gracioso refiriéndose a sus ahora titánicas proporciones).
El crecimiento del pito se aceleró increíblemente, hasta que llegó el día en que era tan largo y grueso que ningún ejercito en el mundo pudo con él.
“¡¡¡Soy el rey!!!” gritó orgulloso.
Eventualmente, toda la población de la tierra se rindió al poder del pito y pronto todos empezaron a ponerse a su servicio.
“¡Somos sus más humildes sirvientes!” exclamaban.
“¡Perdónenos por pelear con usted, oh grandísimo pene!”
“¡¡Es usted el falo mas majestuoso que jamás circunvaló la tierra, su majestad”
Obviamente, todos estos halagos hacían que el pito se sintiera muy poronga.
Tanto así que no se dio cuenta que su reinado estaba a punto de terminar tan abrúptamente como empezó.
Porque de repente, un día, el pito comenzó a sentirse raro. Lo que al principio era un simple malestar estomacal se convirtió en unas tremendas ganas de vomitar. Tan grande era su necesidad que sentía como si fuera a escupir todas sus entrañas.
“Ay Dios mío” se lamentaba el pito, “No me siento muy bien.”
Y fue así que el pito un día adquirió una rigidez preocupante, un tono violáceo violento y comenzó a temblar sin control.
Todos sus sirvientes empezaron a correr horrorizados mientras el gran pito empezaba a convulsionarse.
“OH! OH! OOOOOOOOOHHHHHHHH!!!
Y en un abrir y cerrar de ojos, su boca se abrió y una gigantesca ola de semen hizo erupción.
Fue un espectáculo horrendo. Como si la vía láctea hubiera sido derramada sobre el planeta. Y solo fue cuestión de minutos para que cada centímetro de la tierra estuviera cubierto por un océano de leche.
Segundos después, el pito volvió a su tamaño ‘normal’ (en este caso, tres centímetros y medio).
Minutos después, una conversación se llevaba a cabo en el Vaticano.
“¡Papa Benedicto! ¡Papa Benedicto!” gritaba un monje mientras corría por el pasillo.
“¿De verdad cree usted que fue necesario?” preguntó al llegar.
Benedicto meditó por un minuto y luego respondió.
“La masturbación no es tan mala después de todo, ¿sabes? ¡Mis migrañas han desaparecido!”
Since you’ve been gone… away
El otro día estaba viendo 100 Greatest One Hit Wonders Of The 80s por VH1 (PROGRAMÓN! desde ahora aviso que este va a ser un tópico recurrente, este especial está tan bueno que me da material para mil posteos). Bueno, cuestión que este show me dio la oportunidad de:
1. Encontrar canciones buenísimas que habían quedado perdidas en mi pasado, atrapadas en el limbo de la era pre-Google, privándome hasta hoy de la info necesaria para buscarlas/downloadearlas/repetirlas hasta el hartazgo (Pass the Dutchie, Der Kommissar).
2. Revivir canciones tan, pero tan malas, que son EXCELENTES (Far From Over, (I Just) Died in Your Arms, Harden my Heart).
3. Escuchar de nuevo canciones que son geniales con todas las letras, HITOS de la música de ayer, hoy y siempre (Beds are Burning, I Melt with You, The Safety Dance, You Spin Me Round (Like a Record), Our House).
4. Re descubrir canciones que en su momento me pasaron cuasi-desapercibidas, como en el caso del numero 33 del conteo: “Missing You” de John Waite.
Si bien siempre reconocí que la canción estaba mas o menos buena, nunca fue de esos temas enfermantes que viven repitiéndose en mi iPod por meses sin parar. Pero esta vez tuve una revelación. En la parte del segmento de “Que están haciendo ahora?“ me enteré de algo que alteraría mis hábitos escuchativos por varias semanas. Sucede que en 2007 John Waite se unió con Alison Krauss -la cantante country- para hacer un remake a dúo de este tema. Con solo escuchar un fragmento supe que tenía que tener esta versión así que eché a andar el complicadísimo proceso de conseguirla por Internet.
Mi primera impresión fue que esta nueva versión era muy superior a la original. Se notaba fresca, con una instrumentación más moderna, y Alison le daba un toque diferente y bienvenido a un tema viejo y demasiado escuchado.
O eso creía yo. La única variable aquí era Alison Krauss, así que supuse (erróneamente) que era ella la responsable de este revival tan grosso. Para cerciorarme (soy un fanático del método científico) me bajé inmediatamente la versión original y comencé una exhaustiva y rigurosa comparación.
Pero al volver a escuchar esta última, me di cuenta que la instrumentación no es la mejor, es cheesy, con tecladitos eighties, batería débil, un bajo monótono e insulso y la voz de John suena como una nena (de hecho, por mucho tiempo juré que era una mujer la que cantaba). Pero también me di cuenta que, aunque la producción deja mucho que desear, la canción lo compensa, ya que es una muy buena canción. Quizás hasta era una excelente canción, un clásico que realmente me había pasado de noche, imperdonablemente.
Si este era el caso, quedaba en evidencia que mientras se lo respete en su estructura básica, el tema seguiría siendo bueno -independientemente de los cambios-. En este caso la nueva producción es moderna, mucho mejor que la original -salvando los mínimos toques country que pretenden justificar la presencia de Alison-. La voz de ella aporta una novedad, es agradable, pero no lo es tanto como la de John, que claramente ha mejorado con los años. Lo que en 1984 parecía la voz de una nena, ha adquirido madurez, y ahora es más fácil creerle cuando nos asegura que no extraña a su ex (o mejor dicho: no le creemos que no la extraña, pero creemos no creerle). Su personaje es más honesto, la voz es la misma pero está cargada de experiencia, con golpes de la vida, con sabiduría. La actitud ha cambiado completamente.
Con repetidas escuchas (si, más todavía, 10 semanas y contando) me doy cuenta que aun cuando la voz de ella aporta, es más lo que resta, lo que desmerece a la canción. La clave llega completa, clarísima en el minuto 2:53, cuando -después de no haberlo hecho en todo el tema- John entona la frase “Since you’ve been gone.… away”.
Es esta frase la que “hace” la canción, y como tal, es la parte vital, pivotal, esencial de la obra. Es este el fragmento que consciente o inconscientemente hemos estado esperando escuchar desde que presionamos play.
Las apariciones anteriores (y posterior) de esta frase las canta Alison. Esta es la única instancia en que John la canta -infinitamente mejor que ella-, y acá llega el descubrimiento: John Waite tendría que haber cantado todos los Since you’ve been gone away’s, tenía que haber grabado este remake solo, la versión definitiva. Es en esta frase donde redescubrimos ese delivery perfecto, ese Since You’ve Been agudo y de moribundas esperanzas, que cae en un Gone grave y abatido, un Gone que se da cuenta lentamente que todo es inútil, con el Away como un afterthought, un Away que te dice “no me importa más, me rindo”. Un lánguido postre de resignación que cierra con broche de oro este agridulce plato musical.
El video es soso, pero ilustra mi punto perfectamente.
The Yellow Trench Coat
There was a time in Alfred’s life when he thought he needed no one, but that thought ended when he met the yellow trench coat. It was a rainy night in the city and he was walking along 5th avenue when he saw it. It was as if it was speaking to him, in a language so powerful that he couldn’t resist it. “Come buy me”, it whispered. “I want to be yours”. The urge was unbearable.
“I’m gonna regret this” , he thought, prophetically, as he entered the store.
“Can I help you sir?”, the mellifluous voice of the clerk resonated in his head, meaning nothing at all. Alfred walked past him as if he wasn’t there and headed directly to the yellow beauty standing alone by the window.
“Hi baby” he whispered as he grabbed it gently by the sleeve and took it to the counter.
“Excellent choice sir!” The smile in the clerk’s face was unbelievably wide. “Cash or credit card?”
Alfred hesitated for a moment and finally asked “How much is it?”.
Suddenly, the clerk’s voice changed. It wasn’t mellow anymore. All of a sudden it was ominous and dark. “Seventeen billion dollars!!!” he screamed, and the whole place trembled with the horrible echo of the phrase. No words could describe the look on Alfred’s face. All color was gone, leaving a gray mask of desperation. He thought he’d die of despair, when he heard the maniacal laugh of the clerk. “It’s a joke of course sir” he smiled. “That’ll be three bucks. Cash or credit card?”
Alfred was angry of course, but the relief he felt was greater than anything, so he quickly looked in his pocket for that five dollar bill he had left and handed it over. “Keep the change” he heard himself saying as he shut down the store’s door behind him.
“Now we’re together” he said lovingly to the trench coat. “Nothing else matters”. As he was walking down the street, he put it on. Suddenly, the coat said something to him. Something that sounded so logic and obvious, he couldn’t believe he’d overlooked it. So he turned around, and started to walk back to the store. As he passed through the door the clerk looked up. “Have you come back for your change sir?”
He wasn’t finished talking when the scissors over the counter entered his head through his left eyeball killing him immediately. Suddenly Alfred was standing all alone, the clerk lying dead in a pool of blood, the scissors grotesquely embedded on his skull.
“That was a very bad joke” he said.
The yellow trench coat agreed, silently.



